Cómo viví las elecciones

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Por Hebe de Bonafini (*) Ayer, 9 de agosto, fue un día muy intenso y, especialmente, feliz. Me levanté a las 11, desayuné y una compañera me vino a buscar para ir a votar.

La noche anterior preparé mi carterita con el documento y la boleta para cumplir con mi deber de ciudadano. Llegué a la escuela donde debía votar y para mi sorpresa desde muchas cuadras antes había coches estacionados y varios vehículos, en lenta caravana, llegando a la escuela. Y me dije “¡qué mal estamos!” Antes esto se hacía en colectivo o caminando. Llegué con mi andador y me puse en la fila de la mesa, como corresponde. Estaba ansiosa y contenta de ver el rostro feliz de todos los votantes, bajo el agua pero orgullosos de poder votar.

En eso, se asomó un señor y me dijo que las personas con discapacidades no debíamos hacer la fila así que una joven, muy atenta, me guio hasta la mesa mientras mi compañera trataba de dejar el coche lo más cerca posible. Llegué a la mesa, saludé a todos, entregué el documento, me dieron el sobre y el corazón me latía más fuerte. No sé, a lo mejor me parecía a mí.

Entré al cuarto oscuro y puse mi boleta, por Aníbal por supuesto, cerré el sobre y salí muy rápido, firmé y terminé de votar. Mi compañera Moni llegó después de un rato con su coche y me llevó a casa. Llovía, caminé por el pasillo, abrí la puerta y me senté en la cocina. No podía pensar en otra cosa que en Néstor y mis hijos, por un rato solo en ellos. Después las imágenes recorrían mi cabeza: ¡cuánta lucha! ¡Cuánto amor! ¡Cuánta entrega! Prendo la radio y como un bálsamo escucho a Cristina: qué orgullo, qué grande es esta mujer, pensé.

Almorcé tarde, descansé un rato y me fui a la casa de unos compañeros a esperar el resultado, degustando unas pizzas espectaculares que hicieron más llevadera la espera. Prendieron la televisión y allí empezó a babear el primer veneno, lleno de mentiras. Algunos de los presentes creían que era verdad: ganaba el PRO y CAMBIEMOS. Yo protesté, les dije que no creía eso, si había solo 8% de las mesas escrutadas. Cambiamos de canal, pero era igual. Al rato, me llevaron a mi casa, donde esperé los resultados. Me dormí tarde, convencida de que ganaríamos. A la mañana prendí la radio y por suerte escuché a Víctor Hugo Morales, quien explicó el panorama de los votos y porcentajes con una claridad absoluta. Ganaron Scioli-Zannini y Fernández-Sabatella. ¡Qué felicidad, qué amor apasionado es la política!

Ahora estoy cada vez más segura de que la sangre de mis hijos no fue inútil y que el futuro es nuestro.

(*)Presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo

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