En la cabeza del votante, la entrevista a CFK ya ocurrió

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Por Carlos Lazzarini @calilazzarini* Es más importante y significativa la decisión que lo que finalmente suceda. Terminadas las PASO empezó a circular la posibilidad de que la ex presidenta CFK otorgue una entrevista. Esta vez, a algún periodista/conductor a los que no se pueda etiquetar como cercano o amigo. Desde entonces, la mera posibilidad a ocupado la escena mediática, como antes lo hizo con el enigma sobre su candidatura. Suspenso que mantuvo, como el resto de los principales candidatos hasta el filo del plazo legal. No sólo es el tema de conversación en todos los programas y medios de comunicación, sino que la mera posibilidad desvela a colegas que mantienen ilusionados la expectativa de ser protagonistas. Discuten públicamente sobre cuál debería ser el tenor de la entrevista, se barajan condiciones, preguntas y hasta supuestas respuestas. Es como si la entrevista ya se hubiera hecho varias veces, por diferentes periodistas y en distintos medios. Aún más, es como si la entrevista ya hubiera ocurrido en la cabeza de la audiencia. En la percepción del votante. Por eso, cabe preguntarse: ¿Qué podría cambiar si la entrevista se concreta en el plano real?

Importa más el entrevistador que se elija, el medio, si se hace con condiciones o no, el tono de la misma, que lo que finalmente ocurra. Difícilmente las argumentaciones, preguntas más o menos incisivas, respuestas más o menos convincentes, modifiquen los preconceptos. La predisposición a ver y escuchar los que se quiere ver y escuchar. Lo vimos más con los debates presidenciales ocurridos en 2015. Pudo influir más la decisión de asistir o no asistir al debate que lo que finalmente allí ocurrió o pudo ocurrir si todos aceptaban el convite.

Así como las mejores campañas electorales son aquellas que se apropia la gente, las que impulsa el activismo ciudadano, la que está signada por la creatividad ciudadana que excede a la del mejor publicista, en el caso de la entrevista sucede algo similar. La entrevista ocurre en la cabeza, el corazón, y el estómago de la audiencia. Frente a esa realidad, impacta más la decisión de enfrentar a un periodista crítico o amigo, sin o con condiciones, en un medio nada complaciente o afín, que lo que finalmente pueda suceder o decirse en la entrevista.

Como dice Daniel Eskibel, el cerebro cuenta con dos mecanismos distintos para construir afirmaciones y negaciones respecto a los políticos: Procesamiento online y procesamiento basado en la memoria. Mayoritariamente rige el primero. El votante, en general, se guía más por impresiones, emociones y juicios rápidos. Una vez que se forma una idea sobre determinado candidato, esa idea permanece. Es poco eficáz comunicar para esa minoría que de modo más cerebral, racional, acumula información antes de emitir juicios. Cuando sobre la marcha se emite un juicio sobre el candidato X, ese juicio estará presente cada vez que se hable del candidato X. Difícilmente se cambie ese juicio. Y que la argumentación en contrario no provoque otra cosa que el refuerzo del lazo emocional de origen.

Así, la estrategia de CFK de perforar el techo que parece haber conseguido en las PASO a través de una o varias entrevistas, claramente no radica en lo que pueda o no decirse en las mismas, sino en el hecho de atreverse a una entrevista que nadie espera. No habrá argumentaciones posibles que tuerzan convencimientos a favor o en contra. Pero si señales, tonos, emociones, sorpresas, imprevistos. La entrevista ya empezó a jugarse en la cabeza del votante. Hay percepciones. Y eso pone en una encrucijada, tanto a la propia ex presidenta, como a quienes la desafían.

*Es periodista y consultor en comunicación política. Especialista en Ciencia Política y Opinión Pública

 

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